martes, 3 de diciembre de 2013

planes

Mi problema es que a veces me da por creer que no estoy a la altura.
Independientemente de que sea cierto o no lo sea, es un sentimiento que lleva presente bastante tiempo, el problema aprender a convivir con él. Porque de verdad que no quiero. 
Y supongo que aparece cuando tu apoyo incondicional está tan lejos, lejos de kilómentros, porque para ser sinceros, mi apoyo incondicional lleva más de siete meses más cerca que nadie. Algo increíble. Nadie había llegado hasta aquí y es impresionante. Alucinante...mierda, se me quedan cortos los adjetivos.
Lo que pasa es que echar de menos o preocuparse no siempre tiene que ser malo. Eso significa querer, querer significa depender y si hablamos de dependencia...bueno, soy otra en ese aspecto. Yo, que siempre fui antidependencia, va y llega alguien que desordena toda tu cabeza, que pone todo lo que habías construído patas arriba y se queda, se acomoda. Y además de hacer todo eso, hace que me guste.
Hace que no importe que haga frío, que nos separen 50 kilómetros o que solo nos podamos ver unas horas a la semana. Hace que siga todo intacto, porque está prohibido acceder hasta donde él ha llegado. Totalmente prohibido.
Estoy orgullosa de mí, de ti, de todo esto que hemos creado, de que sigamos al pie del cañón después de todo. Aunque los principios de semana sean odiosos y los Viernes tarden demasiado en llegar. Toca ver el lado positivo. Y en este caso es que no nos hemos rendido, ni lo haremos, claro. Lo importante es la fuerza que nos contagiamos cada ratito del fin de semana, aunque sean cortos. Lo importante es lo insignificante: una cena, un camino corto pero juntos, cualquier peli o algún capítulo. Cosas que nunca escogerías como algo importante en una relación.
Siempre podría ser peor, pero mejor...es imposible. Ojalá sigamos creciendo, sigamos haciendo planes y sigamos imaginando. Gracias por todas las cosas por las que aún no te las he dado.

Eres único.


 Te propongo seguir así.

No hay comentarios:

Publicar un comentario