Nos convencen, nos programan para creer
que si un chico se porta mal, como un capullo significa que le gustas.
Me da igual, tú no te portas mal, me tratas como una princesa. Y como un capullo menos...Me cuidas y eso. Y antes no me gustaba. Nada. Ni siquiera un poquito. Pero ahora ya es costumbre. Costumbre de las buenas eh. Y puede que me esté empezando a gustar tener que aguantarte, subirme a un bus sin nervios y con ganas de verte. Y que me veas. Y que me mires. Y así toda una tarde. Lo que menos me covence es que luego me vaya. Eso si que no...No me gusta nada. Te tenías que venir conmigo. Dejarlo todo atrás. Y punto. Tú y yo...Y ellos, ellos también. Que queramos o no, nos complementan. Pero el que más complementas eres tú. Ahora ya pasó de no gustarme a hacerme falta. Y eso que odio todo eso de dependencia...Pero bah, que hago una excepción. No pasa nada. Prefiero depender de ti y no de otro.
Nadie lo entiende. Sólo tú. Y me alegro de que seamos los que confirmemos la regla, porque nadie daría un duro por nosotros. Pero rompemos las espectativas. Da igual lo que pase luego.
Mírame, yo estoy aquí. Estoy aquí y me quedo eh, que sino esto no tendría sentido.
Acuérdate, cojo el bus de las 4.30 y a la hora de siempre donde siempre. No me falles nunca, yo no lo haré...
Y para terminar, por favor no lo olvides nunca, te quiero. Te quiero muchísimo.

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